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16.11.16

04.08 El papel de los grandes emporios

El papel de los grandes emporios mediáticos

Que debe y puede  hacer la izquierda para enfrentarlo


Darío León Mendiondo
Dirigente sindical y político de Uruguay.



La Dimensión ideológica y la Soberanía Informativa

En los últimos años, ha tenido lugar un proceso de concentración económica de los medios de comunicación que se ha expresado  en la conformación de grandes grupos empresariales que controlan la mayor parte de la información que circula en el planeta.

Ello se constituye en una amenaza permanente a la comunicación democrática, plural y diversa, en la que todos tengamos las mismas posibilidades de acceder a los diferentes servicios escritos, audiovisuales, digitales, siendo parte de esa construcción permanente de opinión.

Actualmente más del 90% de los medios masivos de comunicación están en poder de unos pocos conglomerados de medios que controlan diversos canales de información, música y entretenimiento.

Tienen el poder de informar lo que quieren, y también de desinformar, de incidir, de inducir, de digitar y de manipular la información, pero sobretodo se han propuesto en los últimos tiempos poner en duda las acciones que muchos de los Gobiernos progresistas han llevado adelante para profundizar los cambios en el plano social, político y económico.

Esta ofensiva mediática se basa en la producción de contenidos que sistemáticamente persiguen el objetivo de desinformar y/o manipular la información disponible de forma tendenciosa, utilizando la banalización como un método recurrente e imponiendo nuevas tendencias que desarrollan la cultura de la frivolidad, promoviendo una infra cultura que canaliza lo más mediocre del ser humano.

Pero estas grandes corporaciones no solo actúan en el plano de la información, sino que también se desempeñan en el mercado retail del negocio financiero, están directamente vinculados a las grandes compañías de telecomunicaciones, y a las grandes superficies de consumo de bienes y servicios, es decir, influyen diariamente en las personas, en sus percepciones, en sus decisiones, en sus opiniones, a través de múltiples vías que modifican o reafirman comportamientos, con el objetivo de ejercer un perverso control social. ( prejuicios, valores, creencias)


Basta con investigar cómo operan estas mega-corporaciones en América Latina y el Mundo, quienes son sus empresarios asociados, que vinculaciones tienen entre sí, como se organizan en holdings financieros internacionales, para constatar el inmenso poder que concentran y la importancia que tienen en la batalla táctica por ganar opinión pública favorable en temas trascendentes para la vida de la humanidad.

El Imperio Rothschild

A su vez, en más de la mitad de ellos encontramos vínculos económicos con la familia israelí Rothschild, que según varias fuentes informativas, son dueños de la Reserva Federal de USA y del Banco Central de Europa, y propietarios de Bancos de primera línea en USA, Alemania y Reino Unido, de lo que se desprende el gran poder que ostentan en el manejo de las políticas monetarias de las potencias occidentales y su incidencia en el sistema financiero mundial.



Son los principales accionistas de las mayores corporaciones de medios del mundo, entre las que se encuentran Disney Company, que a su vez es propietaria de ABC y ESPN; Time Warner, una multinacional norteamericana, que a su vez es propietaria de CNN, HBO Cartoon Network TNT y Warner Bros, entre otras cadenas de noticias, películas y entretenimientos; Century Fox, propietaria de FOX Channel, FOX SPORTS y el famoso periódico londinense The Times;  Viacom Inc. Dueña de la cadena de televisión CBS, MTV, Paramount Pictures y otras.

Pero lo más asombroso de este complejo entramado que comienza con la familia Rothschild, es que en esa filigrana interminable de accionistas, corporaciones, holdings, subsidiarias y testaferros, encontramos a Hewlett Packard, Laboratorios Novartis, Pfizer, Barclays Groups, Shell, Microsoft, JP Morgan Chase, Apple, Johnson y Johnson y hasta el mismísimo Facebook.

Una arquitectura de medios, corporaciones y empresas de diferentes ramas de actividad que constituyen un verdadero imperio, que a su vez controlan la mayor parte de los medios de producción del planeta.

En un breve repaso por Latinoamérica encontramos similitudes de estas asociaciones, constituidas en poderosos grupos económicos con presencia en las diferentes esferas de la producción, grandes industrias, el negocio de las armas, alimentos, medicamentos, vestimenta, tecnología y comunicaciones. 



Tales con los casos de Televisa en México, y sus vinculaciones con el Grupo Cisneros de Venezuela, quienes también son propietarios de medios de comunicación. También el  Grupo Prisa, propietario del diario español El País, asociado en México a Televisa, y sus vínculos con Radio Caracol de Colombia, y demás emisoras y medios del Perú, Chile, Panamá, y Costa Rica.

O el Grupo Clarín en Argentina, de cuyo paquete accionario, una parte es propiedad del Banco de Inversión norteamericano Goldman Sachs.

A su vez O’ Globo en Brasil está asociada a las empresas del multimillonario mexicano Carlos Slim, que asimismo a través de Telmex está negociando la adquisición de la primera compañía de Cable brasileña, Net Serviços.

En este panorama de control hegemónico, el papel de la publicidad privada en el proceso es un factor crítico, ya que sin vulnerar el derecho a la información y a la libertad de expresión, la constriñen, en tanto su contenido está alineado ideológicamente al modelo capitalista,  promoviendo sus valores e incidiendo constantemente en la percepción de las necesidades humanas. 

Hay un alto grado de cohesión entre lo económico, lo social y lo político que apunta a consolidar un sistema de pensamiento, que se sustenta en la dependencia absoluta del individuo de una serie de medios que están a su disposición en forma cotidiana.
Qué Hacer

Revisar la política publicitaria en sus objetivos, considerando a quien se dirige, hacia que modelo de construcción socio-política acumula, a que sectores fortalece y empuja, debe ser la primera acción a desarrollar, es decir, la revisión de los mecanismos de asignación de los recursos del Estado en la inversión publicitaria, apuntando a fortalecer los canales alternativos de información, los proyectos comunitarios, los medios de comunicación de las organizaciones sociales, sindicatos y asociaciones civiles para promover el  desarrollo de modelos de producción de medios y gestión de contenidos digitales que apunten a difundir los valores culturales, sociales y filosóficos que residen en nuestro pueblos.

Es decir, utilizar la inversión publicitaria del Estado como una herramienta para al servicio del desarrollo social y cultural, potenciando a aquellos medios que contribuyan en un sentido transformador de la realidad, rescatando nuestra identidad, con contenidos de calidad, que estimulen el pensamiento crítico, el análisis y la reflexión.

Para ello, los objetivos de comunicación deberán necesariamente estar alineados a valores éticos tales como la Justicia Social, los Derechos Sociales, la Conciencia Colectiva.
En ese contexto, es indispensable el desarrollo de políticas públicas que estimulen la producción nacional y el rescate de los valores, el conjunto de creencias, tradiciones e historia que acuñan nuestros pueblos y para ello debe existir control sobre los recursos materiales al servicio de estos fines, considerando que el compromiso democrático implica reconocer que la lucha de clases existe y por tanto Derecha e Izquierda luchan por el poder en todos los planos.

La construcción de soberanía abarca también factores sociales, culturales y filosóficos, por tanto el compromiso debe incluir a todos los actores sociales que encarnan esa visión.

La Dimensión Tecnológica y la Soberanía

Si consideramos que la infraestructura es la base material del cambio, hemos de analizar con detenimiento cual es el contexto que tenemos desde el punto de vista tecnológico en la geografía mundial.

Internet se ha transformado en un complejo entramado de rutas virtuales por donde transita toda la información que se genera en el planeta. Y la mayor porción de poder radica en aquellos que ostentan el privilegio de poseer una infraestructura física que de soporte al desarrollo de las TIC’s ( Tecnologías de la Información y la Comunicación ) y el espacio virtual por el que transcurren los flujos de información que esas tecnologías son capaces de difundir masivamente, a través de los protocolos de internet, interfaces de datos que viajan y se transmiten a través de cableados subacuáticos, satélites y dispositivos de alta conectividad, en las que la dependencia tecnológica suele estar asociada al poder económico de las fuerzas políticas dominantes.

El control tecnológico del Ciberespacio se constituye hoy en un elemento de orden estratégico clave que incide en el orden social, económico y político mundial, afectando drásticamente las relaciones socio demográficas.

Existe una relación directa entre la geopolítica y el control de los datos en Internet, considerando la importancia que ello tiene en las relaciones de poder y como afecta la soberanía de los pueblos, ya que la producción de datos aumenta exponencialmente, y se transformó en un recurso fundamental al influjo de la innovación tecnológica; y ello supone una ventaja en términos estratégicos para los países que ejercen un control hegemónico en esta dimensión.

Teniendo en cuenta que las plataformas informáticas estadounidenses – y también las europeas – están inundadas de dispositivos y mecanismos de espionaje electrónico, demostrado fehacientemente en los documentos obtenidos por Wikileaks, podemos afirmar que la ocupación virtual de Internet por parte de Estados Unidos tiene características militares y es una amenaza permanente para la confidencialidad de los datos gubernamentales, institucionales, empresariales y particulares de los diferentes países.
En ese contexto, resulta indispensable desarrollar vías independientes de acceso a la red mundial que desafíen el predominio de Estados Unidos y sus aliados en esa dimensión.

En ese sentido, el proyecto BRICS Cable, un sistema de interconexión a través de cables submarinos de fibra óptica que, con una extensión de 34 mil kilómetros y una capacidad de 12,8 terabits por segundo, tendrá su punto de origen en la ciudad rusa Vladivostok, y pasará por Shantou en China, Singapur, Mauricio, Ciudad del Cabo y Fortaleza, antes de llegar a Miami, es un paso fundamental en la consolidación de la independencia tecnológica, asegurando la autonomía de las comunicaciones, sobretodo en internet.

Si bien el bloque de los BRICS no busca desafiar a los grandes conglomerados mediáticos, se propone claramente cambiar las reglas de juego en el ciberespacio y con ello la correlación existente. Es un proyecto de carácter contra-hegemónico, que además permitirá reducir los costos en las comunicaciones y garantizar un acceso fácil y barato a millones de personas, incluyendo a 21 países africanos. Vale mencionar que en el mismo sentido, se proyecta la construcción de un cable submarino de fibra óptica de 6.600 kilómetros de extensión, que conectará la ciudad brasileña de Fortaleza con Luanda, en Angola.

No cabe duda que en los tiempos que corren, la lucha por la autodeterminación de los pueblos, también se libra en el plano de la comunicación y la información, y existe una relación geo-política y geo-económica a la que debe prestarse atención en términos estratégicos.


Nuestra América debe avanzar decididamente en la dirección que proponen los BRICS, y analizar en forma conjunta la creación de plataformas tecnológicas propias de acceso a Internet, que sean alternativas a las estadounidenses, para emprender decididamente el camino hacia la soberanía tecnológica.

Solo a modo de ejemplo, la distancia que hay por mar desde Puerto Vallarta en México hasta Puerto Montt en Chile es de 8.000 kilómetros, apenas la cuarta parte de la extensión que tiene BRICS Cable.

La referencia es solo a modo de reflexión, y pretender colocar el tema en el debate desde una perspectiva transformadora de la realidad.
Construir una infraestructura de comunicaciones avanzada y de alta velocidad debe ser un objetivo común de nuestros pueblos para garantizar una conectividad directa, reducir la brecha digital, y eliminar el riesgo permanente de la interceptación de datos y el espionaje informático.

No es posible soslayar que las afirmaciones de Julien Ässange y las revelaciones de Edward Snowden, permitieron comprobar que desde 1998 (apenas 5 años después que la Web entrara al dominio público),los servicios de inteligencia británicos realizaban operaciones de espionaje informático para recolectar datos confidenciales. Luego se supo que en 2008 la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA ) infectó más de 50 mil redes de computadoras en todo el mundo con software maligno diseñado para robar información confidencial. 

Estos elementos nos conducen inexorablemente a una conclusión. Hoy en día las personas divulgan sus datos, comparten sus vidas, interactúan con sus familias, se comunican en tiempo real. Los procesos de inclusión financiera implican que además de revelar sus datos personales, sus gustos, sus preferencias, también perciben sus salarios, pagan sus facturas y se endeudan.

Es prácticamente imposible que alguien integrado plenamente en la sociedad moderna no utilice los protocolos de Internet en su vida diaria para desarrollar algún tipo de actividad, ya sea económica, política o social.

No es solamente a través de los tratados de libre comercio ni de sus análogas formulaciones más recientes que se expresan las intenciones de dominación. Es también a partir de modificar drásticamente los patrones culturales y sociales de la humanidad utilizando los medios masivos de comunicación, y montando una infraestructura capaz de ejercer un control absoluto sobre el sistema y las personas.

Entonces, si el Internet no se transforma en el corto plazo en una herramienta que contribuya al progreso económico y social, con independencia tecnológica y soberanía informativa, se impondrá la lógica de utilizar este formidable avance de la humanidad para dominar a las sociedades, provocar la pérdida de su soberanía nacional y de su libertad en detrimento de los valores más perversos que encarna el capitalismo.

Finalmente, hace poco más de 10 años, Lula Da Silva, Néstor Kirchner y el Comandante Chávez asestaban un duro golpe al intento de conformar un Área de Libre Comercio para las Américas. Vale destacar el coraje y la valentía de nuestros Gobernantes de ese momento histórico, para desafiar al gendarme del mundo y enterrar el ALCA.

Pero ello no hubiera sido posible sin partidos políticos fuertes que respaldaran en sus respectivos países estas acciones; tampoco sin el empuje de las fuerzas sociales que desde las organizaciones de campesinos, los movimientos de indígenas, los sindicatos y sus conglomerados regionales, desarrollaron un formidable proceso de acumulación socio-político, que permitió generar las condiciones subjetivas para que nuestros pueblos rechazaran enfáticamente cualquier posibilidad de avanzar en la conformación del ALCA.
Parecía imposible…pero no lo fue. Había una alternativa desde una construcción geopolítica.

Hoy, debemos prestar atención al mapa geopolítico que silenciosamente se construye bajo el mar, y que puede determinar drásticamente el curso de los acontecimientos económicos en el futuro cercano. 

Es hora de actuar… Una vez más…

Darío León Mendiondo

dariomendiondo@gmail.com

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