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03.07 Los Promotores del odio

LOS PROMOTORES DEL ODIO


José Antonio Medina Trejo*

La tragedia suscitada en el bar Pulse, de Orlando, Estados Unidos, fue similar a lo ocurrido en Xalapa, Veracruz, cuando un comando armado disparó en contra de la clientela del bar Madame, lugar al que acude buena parte de la población de la diversidad sexual de esa ciudad

El atentado perpetrado por Omar Mateen, ciudadano norteamericano de origen afgano y que profesaba la religión islámica, la cual rechaza la homosexualidad, ha puesto en la mira el tema de la homofobia promovida por distintos grupos religiosos hacia la población lésbico, gay, bisexual, travesti, transgénero, transexual, intersexual (LGBTTTI).


Tan sólo unas semanas antes, en nuestro país ocurrió un hecho de características similares en Xalapa, Veracruz. Un comando armado disparó en contra de la clientela del bar Madame, lugar al que acude buena parte de la población de la diversidad sexual de esa ciudad.

La noticia sobre ese suceso fue escasamente cubierta por los medios nacionales a pesar de los 7 heridos y 12 víctimas que murieron durante la agresión. La homofobia de algunos medios locales fue evidente al omitir el nombre de las víctimas, en respeto a éstas por “el tipo de lugar que frecuentaban”.

A casi un mes del lamentable hecho no hay avances en las investigaciones, las cuales apuntan precipitadamente a un ajuste de cuentas entre narcotraficantes.

El ataque, perpetrado el 22 de mayo, se dio en el contexto de una campaña encabezada por la Iglesia católica en contra del matrimonio igualitario como respuesta a la iniciativa presidencial –lanzada el 17 de mayo en el marco del Día Nacional contra la Homofobia–, de garantizar este derecho en todo el territorio nacional.

En ese sentido, el obispo de Xalapa, Hipólito Reyes Larios, no tuvo una sola palabra para las víctimas del bar Madame, pero sí encontró tiempo y recursos para culpar a la iniciativa de Enrique Peña por la derrota del Partido Revolucionario Institucional en la contienda electoral del pasado 5 de junio, como si la trágica historia de violencia, abuso de poder y persecución que caracterizaron la gestión del gobernador Javier Duarte, no hubieran tenido absolutamente nada que ver con los resultados en las urnas.

Tanto para Reyes Larios como para la jerarquía católica, el matrimonio igualitario es la causa de todos los males que aquejan al país.

Desde el anuncio de la iniciativa del Ejecutivo Federal, la Iglesia católica atizó una campaña en contra de candidatos y partidos que apoyaran el matrimonio igualitario. Las declaraciones de cada uno de los obispos en todo el país retratan de cuerpo entero su pequeñez para entender los cambios políticos, sociales y culturales propios del siglo XXI, pero sobre todo su mezquindad para defender la dignidad de muchas de las personas formadas bajo sus preceptos religiosos.

Hablamos de una jerarquía católica incapaz de influir positivamente en la lucha contra la pobreza extrema, contra la violencia derivada de la lucha contra el narcotráfico, contra la violencia de género que afecta abrumadoramente a las mujeres, contra la violencia de Estado, contra la desaparición de periodistas y activistas sociales, y otros múltiples problemas que enfrenta el país; pero que sin chistar organizó en pocos días una cruzada en contra del derecho de hombres y mujeres a formar un hogar protegido por la Ley en el que el ejercicio pleno de derechos sea una realidad, incluido el de la adopción.

El odio es lo que distingue este enfrentamiento de la Iglesia católica, que en una furibunda cruzada moderna se ha aliado a las iglesias evangélicas para violentar la laicidad propia del Estado mexicano.

La estrategia de los jerarcas religiosos puso en jaque al propio secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, retratado ahora como incapaz de enfrentar y apaciguar la insurrección clerical, misma que ha puesto a temblar como gelatinas a muchos legisladores priístas en todo el país, quienes ahora reculan de la iniciativa presidencial temerosos de las acciones promovidas por los purpurados.

Y es que el catálogo de ignorancia y odio generado por la jerarquía católica no tiene parangón, es más ni siquiera en la guerra emprendida por el entonces cardenal de Buenos Aires, Argentina, Jorge Mario Bergoglio en contra de la presidenta Cristina Fernández alcanzó los niveles demostrados por el episcopado mexicano.

Excesos como los cometidos por el obispo de Culiacán, Sinaloa, Jonás Guerrero quien declaró: “¿No será que anda buscando ‘gavioto’ en vez de ‘gaviota?” En referencia a la iniciativa promovida por Enrique Peña Nieto.

Si el tiroteo en el bar Madame no mereció la menor declaración de los ministros católicos, la masacre de Orlando tampoco los detuvo y continuaron su campaña de odio, las declaraciones al paso de los días siguen en el mismo tono como el marcado por el cardenal Norberto Rivera Carrera, quien se refiere a las uniones entre personas del mismo sexo como “uniones de facto, legaloides e intrínsecamente inmorales”.

En tanto, Hugo Valdemar –director de Desde la Fe, órgano de difusión oficial de la Arquidiócesis Primada de México, que ha dedicado planas y planas para fundamentar su rechazo al matrimonio igualitario–, burlonamente aseveró que los jerarcas católicos no hicieron proselitismo político en las pasadas elecciones, sino solamente “orientaron” a la feligresía sobre los peligros que implica la aprobación de este tipo de uniones.


Los excesos de la cúpula católica están amparados por la inoperatividad del gobierno mexicano, el cual se niega a detener el “festín” que los líderes religiosos se están dando con la laicidad del Estado mexicano. El temor a hacer valer nuestras leyes por encima del poder de la Iglesia católica ha resultado más fuerte que la convicción laicista del Estado mexicano; por lo menos para el Ejecutivo Federal.

En medio de esta diatriba no hay que perder de vista que si bien el matrimonio igualitario es un tema de derechos civiles y humanos que nada tiene que ver con convicciones religiosas, el conflicto se ha agudizado por la sensación de algunos jerarcas de haber sido traicionados por el gobierno mexicano, y es que la iniciativa propuesta por Peña Nieto llega a tan sólo unos meses de la visita que el Papa Francisco hizo a México, lo cual, sin duda, ha sido leído por esa jerarquía beligerante como una afrenta que evidentemente está dispuesta a cobrarse.

Para el Partido de la Revolución Democrática (PRD) no hay cortapisas en la defensa de los derechos humanos, con esa congruencia, nuestro partido seguirá apoyando e impulsando una cultura democrática de inclusión que garantice a toda la ciudadanía el ejercicio de todos los derechos.

Por ello la Secretaría Nacional de Diversidad Sexual ha interpuesto dos quejas ante el Instituto Nacional Electoral (INE) y ante la Secretaría de Gobernación para exigir el cabal cumplimiento de la ley.

Sin duda, esta batalla será de largo aliento y desde el PRD continuaremos pugnando por la defensa del Estado laico, ahora toca al gobierno mexicano, sin temor ni miramientos, hacer cumplir nuestras leyes.




*Secretario de Diversidad Sexual del CEN del Partido de la Revolución Democrática

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