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06.03 El nocivo proteccionismo de Trump

El nocivo proteccionismo de Trump


Isael Cantú Najera*

Gobierno peñista, una obediencia ciega

Los mercados se expanden, de hecho, así se construyen con la búsqueda de nuevas mercancías y de gente que compre las ya conocidas. A lo largo de la historia, la concepción que se tenía del mundo cambió de plano a esférico, gracias a intrépidos mercaderes que lo fueron descubriendo poco a poco.
Suele olvidarse que en el tráfico de mercancías se esconde toda la historia de la humanidad, y ya sea en forma de mercancía concreta para un fin determinado o del representante de su valor de manera abstracta; es decir, el dinero. La humanidad se ha construido como cultura, de acuerdo a como trasiega mercancías entre los individuos o sus conglomerados.

El moderno sistema capitalista, luego de ser el origen de dos Guerras Mundiales e innumerables crisis económicas, obviamente teniendo como razón la ganancia del propio capital, lentamente concluyó que era necesario abrir los mercados nacionalmente cerrados y crear uno que fuera global, dando pie al libre tránsito de las personas y de las mercancías, sin aranceles de por medio, ni restricciones de algún tipo para permitir que la globalización beneficiara a todos por igual.

La evolución del actual mercado globalizado pasó, y no hay que olvidarlo, por épocas de fuerte proteccionismo, donde los países cerraron sus fronteras a toda importación y exportación de sus productos excedentes o productos especiales, y a la vuelta de la esquina mostró su ineficacia para hacer que la gente pudiese comprar las mercancías elementales para la vida diaria: la necesidad forzó a abrir las fronteras y cuando no se pudo crear una demanda del producto se utilizaron cañones para crearla.

Las diferencias sustantivas entre modelos de producción en los sistemas de economía libre del capitalismo y la centralizado del comunismo, crearon tensiones en el mercado, que finalmente se resolvieron con la mundialización de la economía libre y de tipo mixto, de manera más dramática con la desintegración de la URSS y otros países con regímenes comunistas y el fin de la Guerra Fría.

La globalización llegó para quedarse, aunque algunos países no la quieren, ya que no sólo representa la creación de grandes mercados entre naciones (MERCOSUR, UE, TLCAN, etcétera), sino el avance tecnológico que rompe los estados nacionales con las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC’s), particularmente la Internet (WWW), cuyo substrato no puede ser detenido en ninguna aduana, aunque puede ser modulado por los satélites de cada nación. Esas nuevas herramientas impulsaron fuertemente una cultura predominantemente occidental, basada en las políticas económicas impuestas por los países más poderosos, los cuales controlan, además, a los organismos internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

La globalización implica la integración de los mercados en una economía mundial donde los capitales se escalan a nivel planetario, dejando entrever el nacimiento de empresas multinacionales que han perdido su centro nacional dado el nivel de circulación de su capital. El otro avance se da en la normatividad, en lo jurídico, que exige la uniformidad y simplificación de regulaciones que tienen como fin rediseñar la competitividad y la seguridad jurídica en los diversos países, obviamente empujando en las leyes de cada nación el reconocimiento de los derechos humanos y fundamentales de la ciudadanía. En el ámbito cultural, la aldea también se ha globalizado, perdiendo identidad y ganando tecnológicamente, de este toma y da, aún no se tiene un dato preciso para saber si es una asimilación o fusión multicultural, lo que si es cierto es que empuja, dado el carácter consumista de la nueva economía, a un acendrado individualismo en medio de lo cosmopolita y lo que se empieza a llamar sociedad abierta.

Sin embargo, la globalización no ha impedido las desigualdades económicas y políticas. Mientras se puede hablar de sociedades más democráticas y más participativas en los países más poderosos económicamente hablando, en los países más pobres la participación ciudadana deja mucho que desear, dado el poder que ejerce el propio gobierno, muchas veces montado en un sistema autoritario sobre la voluntad del pueblo mismo.

Esa asimetría entre los países más ricos y los emergentes se mide en el campo de los siguientes bloques: El Grupo de los Ocho (G8) conformado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia por un lado y por el otro el BRICS[1], integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. El primero asume el rol de expender el capital y el segundo de maquilar la mercancía y agregarle valor al poner en el mercado global los insumos de materia prima y fuerza de trabajo baratos, y ni se diga, con el trasiego de productos agropecuarios que van a servirse en las mesas de los países del G8.

En la globalización, los ganadores son las trasnacionales que crearon redes mundiales para distribuir su producción y llevarla a los mercados de trabajo, donde los bajos salarios les permitieran generar mayor plusvalía. Tal como lo indica el Informe Mundial sobre Salarios 2016-2017 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT por sus siglas en inglés) que destaca que la participación de la renta del trabajo ha disminuido con respecto al crecimiento de la productividad laboral, es decir, se trabaja más pero se gana menos y que: “Es probable que ello se deba a una combinación de factores, como la globalización, las tecnologías que favorecen a determinadas competencias, el debilitamiento de las instituciones del mercado de trabajo, y la creciente presión de los mercados financieros para que los superávits generados por las grandes empresas se desvíen de sus inversores” [2]. Este estudio señala el efecto de la crisis sobre salarios y ganancias y hace énfasis en que los únicos países que han resistido las crisis y han podido mantener mejores salarios son: Alemania, China y Estados Unidos.

En materia de empleo[3], la tasa de participación de Estados Unidos. ciertamente bajó al pasar del año 2000 al 2015 de 66.44 a 60.37, perdiendo 6.09 puntos porcentuales; mientras México pasó de 60.37 al 62.18 aumentado 1.81 puntos, lo que significa que México retuvo a miles de trabajadores dándole empleo aquí, obviamente no significa que no haya existido migración hacia sus grandes centros industriales.

En ese sentido, Estados Unidos no tiene razón de quejarse que le va mal en la economía mundial, sobre todo si reconoce que la crisis del 2008 generada por las hipotecas subprime se larvó por la ambición desmedida de sus instituciones financieras, ocasionándole pérdidas de 900 mil millones de dólares, y que al paso del tiempo ha podido mantenerse como una potencia mundial y recuperarse económicamente.

Si hablamos del PIB[4] (Producto Interno Bruto) de las naciones veremos que los Estados Unidos tuvieron en el 2000, diez mil doscientos ochenta y cinco billones de dólares y que México solo tiene 687 648 millones de dólares; para el 2015, la economía de Estados Unidos tiene 18 037 billones y México 1 144 billones, poco que ver entre una economía y otra.  A pesar de las diferencias en la tasa de desempleo la economía estadounidense sigue produciendo más riqueza que la nuestra y como se dijo líneas arriba, se debe a que sus compañías trasnacionales contratan fuerza de trabajo barata en otros mercados laborales y sus ganancias derivan hacia sus centros económicos.

Obviamente, no es deseable para ninguna economía tener altas tasas de desempleo, pero sin duda alguna la manera de resolver el problema califica a un país y a otro de diferente manera. Europa, a pesar de los conflictos en el Medio Oriente, ha propuesto seguir abierta y regular la migración; no así, Inglaterra con su salida de la Unión Europea o los Estados Unidos con su nuevo presidente.

Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, se ha iniciado una crítica fuerte a la propia globalización que ellos contribuyeron a crear y al igual que en otros países, que también sumidos en una crisis económica apelaron demagógicamente al nacionalismo y al populismo, ahora cierran las puertas a la globalización en un acto de protección, tratando de que los migrantes, los otros, no les roben su comida y su riqueza. Ese fue el motivo para el ascenso de Hitler y la construcción del nazi-facismo: crisis económica, construcción de un enemigo público tal y como se hizo con los judíos y líderes comunistas y socialistas, y una guerra de expansión para recuperar su espacio vital, mientras cerraba la concepción del mundo a la supremacía de la raza aria. Espacio vital, que traducido en términos económicos significa mano de obra barata y materia prima, y raza aria, que significa una política de exterminio y exaltación de la xenofobia hacia todo lo extraño y diferente.

Ya sabemos el desastre de esas políticas económicas, la China comunista, que durante siglos se mantuvo cerrada, a veces contra el ataque sistemático de los Hunos y luego contra las influencias del capitalismo, terminó por abrirse al mundo y convertirse prácticamente en la locomotora que impulsa la economía mundial. Paradójicamente, la China Comunista y su modelo de economía sustentable, cuyo crecimiento está en el orden del 6.9 por ciento, reconoce los efectos de la crisis mundial, pero lejos de construir una nueva “muralla china” ha decidido actuar en dos campos. En primer lugar, seguir influyendo en el comercio mundial y consolidar su mercado de consumo interno con el fin de “construir una sociedad modestamente acomodada en todos los aspectos”. Así, en contra del proteccionismo, China puede ver hacia adentro como una medida de paliar la crisis, dado que su tasa de empleo y el ingreso de sus habitantes se mantiene, el consumo interno jugará un papel dinámico, pues es alrededor del 8 porciento anual, pero no solamente le apuesta a ello, sino que abre las puertas para los inversionistas dando como argumento que las deudas tanto del gobierno Central como de los gobiernos locales es menor al 60 por ciento, mientras que en las economías de los países en desarrollo está por arriba del 100 por ciento. En segundo lugar, el ahorro interno bruto es casi del 50 por ciento, lo que también puede permitir al gobierno “aplicar políticas activas para el financiamiento popular, incluyendo el modelo de financiamiento de asociaciones público privadas” y por si fuera poco, tiene reservas por un monto de 3,3 billones de dólares, lo que le permitirá “importar tecnologías, equipos y materia prima del exterior” tal y como lo señala Lin Yifu[5], actual director del Centro de Nuevas Economías Estructurales de la Universidad de Beijing y ex economista jefe del Banco Mundial.

Contra esa política de abrir los mercados y generar condiciones para una economía global sustentable se lanza Trump, construyendo su muro y creando medidas económicas proteccionistas, que sin duda harán desajustes severos a las economías que mayoritariamente dependen del consumo interno de Estados Unidos, y la nuestra es una de ellas.

Tan sólo en la tasa de inflación, el promedio, sacado con la calculadora de Inegi[6], entre diciembre del 2015 y enero de 2016 era de tan solo 0.38 por ciento y de diciembre del 2016 a enero del 2017 de 1.70 por cierto, ¡la más alta en 18 años![7], y eso que lo único que ha empezado a hacer el molesto inquilino de la Casa Blanca, como el de amenazar a empresas norteamericanas que producen fuera de Estados Unidos para que repatrien esos capitales y los pongan a trabajar allá, suena nacionalista, pero es altamente proteccionista y sacude el modelo de economía global, al aumentar el índice inflacionario que ya se siente en el incremento de los precios de la canasta básica y la economía de las familias, máxime cuando el salario mínimo de 80.04, a pesar de su incremento de 7 pesos, quedó rebasado por los nuevos precios.

Cualquiera entiende que el vendedor irá siempre con aquel comprador que le pague más por su mercancía, o el trabajador irá con el patrón que le pague un mejor salario; eso es racional y lógico, por eso todo mundo quiere ir para allá; pero los efectos proteccionistas de Trump, tanto de parar la migración como aumentar los impuestos a las importaciones que haga Estados Unidos, tendrá efectos en ambos lados del muro: allá incrementando costos de producción al no tener mano de obra barata y el tener que pagar mercancías encarecidas por los impuestos; acá una tasa de desempleo que se verá incrementada y una sobreoferta que pudiese bajar los precios o deprimir la producción, generando mayores problemas sociales que los que actualmente se tienen, donde el nivel de corrupción en la administración pública y la falta de seguridad torpedean los pies del sistema político mexicano, el cual, con Peña Nieto a la cabeza, lejos de responder con una política audaz para impulsar el consumo interno y la creación de empleos con salario digno que incentive ese consumo, ha ido a obsequiarle a Donald Trump, la obediencia ciega a su política injerencista, tal vez tratando de alimentar al monstruo con más concesiones del patrimonio de la nación.

El gobierno de Peña Nieto no logra recuperarse del pasmo provocado por Trump al decir que México pagará por la construcción de un muro levantado entre ellos y nosotros, para impedir la migración y el trasiego de drogas, y lejos de reaccionar como lo hace China o como lo plantean los países latinoamericanos en la V cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos (CELAC)[8] del 24 de enero pasado en la ciudad de Bávaro, República Domicana, a la que por cierto no fue Peña Nieto, sobre la necesidad de construir un frente que impida “ contrarrestar su posible impacto negativo mediante una mayor integración regional”.

Es importante reflexionar que con muro o sin él, la firme decisión de Trump, en el sentido de que “la protección nos (los) llevará a una mayor prosperidad y fortaleza” y el cumplirse con sus órdenes ejecutivas o amenazas de repatriar capitales, ya está haciendo más daño que si estuviera construido.
Finalmente, México[9] tiene 1270 tratados internacionales, de los cuales 653 son bilaterales y 617 multilaterales.  De entre ellos, solamente 11 son comerciales. Sin duda alguna uno el más importante es el TLCAN, cuya magnitud supera a los otros, pero donde las asimetrías de las economías entre Estados Unidos, Canadá y México terminó por desmantelar las nacionales y permitió el crecimiento de las trasnacionales con la sangría constante de las ganancias o la sobreexplotación de los recursos naturales.
 ¿Y los otros 10 tratados internacionales?

Bueno, hay uno de ellos que entró en vigor el 1 de julio del 2000, el TLCUEM, (Tratado de Libre Comercio México-Unión Europea), en el que participan Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Portugal, Reino Unido y Suecia, y además en el 2004 se incorporaron Chipre, Eslovenia, Malta, República Checa, Hungría, Polonia, Estonia, Eslovaquia, Letonia y Lituania. Esto significa que si el grupo gobernante de Peña Nieto tuviera un poco de idea económica e interés político de enfrentar el proteccionismo de Trump, ya estuviera en toda Europa haciendo conferencias, ferias, poniendo nuevos consulados, incentivando las exportaciones hacia allá y no doblegándose ante Trump.

Los restantes tratados de libre comercio son con países latinoamericanos, uno con Israel y otro con la Asociación Europea de Libre Comercio, lo que da un amplio margen de maniobra para crear muchos y nuevos socios mercantiles. Así, la ruta para enfrentar el proteccionismo es el libre comercio y su regulación equitativa entre las economías del mundo.

*Subsecretario del CEN del Partido de la Revolución Democrática.

[1] https://actualidad.rt.com/themes/view/133501-brics-rusia-china-india-brasil-sudafrica
[2] http://ilo.org/wcmsp5/groups/public/---dgreports/---dcomm/---publ/documents/publication/wcms_537989.pdf
[3] http://ilo.org/global/about-the-ilo/multimedia/maps-and-charts/WCMS_443265/lang--es/index.htm
[4] http://datos.bancomundial.org/indicator/NY.GDP.MKTP.CD?start=2000&view=map&year=2015
[5] http://spanish.china.org.cn/specials/2016lianghui/2016-03/15/content_38029103.htm
[6]http://www.inegi.org.mx/sistemas/indiceprecios/CalculadoraInflacion.aspx
[7] http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cartera/economia/2017/02/9/por-gasolinazo-precios-suben-17-en-enero-su-nivel-mas-alto-en-18
[8] http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2017/01/24/discuten-en-cumbre-de-celac-medidas-contra-plan-proteccionista-de-trump
[9] http://www.diputados.gob.mx/sedia/sia/spe/SPE-ISS-05-08.pdf

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