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06.07 Políticas ante la administración Trump

Políticas y estrategias de México ante la administración Trump


Irán Moreno Santos* 
Jessali Zarazua**


Después de una intensa campaña de odio contra los mexicanos, los latinos, los musulmanes y la comunidad LGBT, Donald Trump ganó la presidencia de los Estados Unidos. 

Gran parte de la opinión pública mexicana pensó inverosímil su posible triunfo, por lo que se generó un periodo de pasividad y errores, como la inoportuna invitación a Trump en agosto de 2016, por parte del entonces secretario de Hacienda, hoy secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray. Ante esta coyuntura, no podemos seguir en esa pasividad o esperando una continuidad con base en la inercia geográfica y cultural entre ambos países, es por ello que debemos definir cuáles son las mayores amenazas y las estrategias a impulsar ante este reto. 

Las amenazas que pueden llegar a afectar directamente, en caso de realizarse, a las y los mexicanos y que vulneran nuestra soberanía nacional son las siguientes. En primer lugar, la deportación masiva de connacionales que viven, trabajan y estudian en los Estados Unidos. Ahora la comunidad mexicana dentro del territorio estadounidense se encuentra ante una nueva realidad debido al endurecimiento de los controles migratorios tras la firma de la orden ejecutiva en la que se amplían las regulaciones que cubren las deportaciones. Ante el regreso de los primeros connacionales, la postura del Gobierno Federal ha sido tibia al solicitar solamente una negociación con los Estados Unidos para una repatriación “coordinada y ordenada”. 

La revista Foreign Policy menciona que dentro de los 10 conflictos a observar por parte de los estudiosos de las Relaciones Internacionales a nivel mundial, está el de las relaciones México-Estados Unidos, por el componente denominado crimen organizado aunado a la posibilidad de una deportación masiva que nos llevaría a una crisis humanitaria y de seguridad, combinada con una epidemia de violencia y la pobreza endémica. De acuerdo con Foreign Policy, durante el 2016 el crimen organizado en el Triángulo norte habría asesinado a un estimado de 34 mil personas. 

La deportación masiva y la segunda gran amenaza para México, la construcción de un muro en la frontera sur de nuestro vecino del norte, la cual el presidente Trump planea cobrarnos de alguna manera, dejarían a la población migrante vulnerable ante los grupos del crimen organizado y la corrupción en la frontera. La discusión acerca de su construcción se ha limitado solamente a quién pagará por él, cuando el Gobierno mexicano debería expresar abiertamente oposición a su construcción.   

La tercera y última de las amenazas más importantemás importante de las amenazas, es la intención de dar por terminado el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), con el fin de incrementar los empleos dentro de Estados Unidos, centrándose, en primera instancia en el sector automotriz. 

¿Cuáles son las estrategias a seguir ante estos retos?   
Tras 30 años especializándonos para abrir el comercio y adaptarnos jurídicamente al Tratado de Libre Comercio con América del Norte, enfocándonos en nuestro primer socio comercial, los Estados Unidos, ahora nos encontramos ante un escenario distinto,  una ventana de oportunidad en dos frentes: interno y externo. 

No tiene sentido, si es que alguna vez lo tuvo, continuar con los bajos salarios que ofrece México para atraer la inversión extranjera, en especial la de Estados Unidos. Por ende, debe darse un aumento significativo y progresivo del salario mínimo que vaya de acuerdo con el poder adquisitivo real del peso mexicano en el 2017, de tal manera que se termine con los bajos costos laborales, se impulse la productividad y se ofrezca una mano de obra de calidad. 

Debe construirse una estrategia que recomponga la estructura comercial de nuestro país, que fortalezca el mercado interno en tres áreas principales relacionadas con la idea anterior: el sector industrial y de manufacturas, el sector de servicios, y la recuperación de nuestra soberanía alimentaria a través del sector agropecuario, fortaleciendo y favoreciendo la producción de granos básicos. 
Al abordar la agenda interna pendiente, recorriendo toda la cadena de valores a largo plazo, podrán satisfacerse las necesidades sociales como el empleo, la reducción de la pobreza y la falta de oportunidades.  

Si bien, la intención no es que el intercambio comercial con los Estados Unidos desaparezca ipso facto, debe alentarse la diversificación del mercado mexicano a través de los diversos instrumentos internacionales con los que ya contamos: 12 tratados de libre comercio con 46 países, 32 acuerdos para la promoción y protección recíproca de las inversiones con 33 países y 9 acuerdos con alcance limitado en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración. 
Debemos valorar si es factible renegociar el TLCAN o plantearnos dos negociaciones bilaterales, una con los Estados Unidos y otra con Canadá.

Por otra parte, dentro de la administración de Obama se planteó que entre el 2030 y el 2040, los Estados Unidos dejarían de importar petróleo y gas, mientras que entre el 2050 y el 2060 el consumo de combustibles sería en su gran mayoría verde. Ante este contexto, México debe abanderar el proyecto verde ante la comunidad latinoamericana y los países del resto del mundo, generando una opción ante la actual crisis social del precio de la gasolina que irá en aumento en los próximos años. 
 
Es importante mostrar una posición seria e inamovible al condenar el racismo y la xenofobia del presidente estadounidense. Oponernos y criticar la construcción de un muro en la frontera cubriendo todas sus aristas, desde las afectaciones de la biodiversidad de la flora y fauna, condenar la separación de familias, hasta la violación a los derechos humanos de las comunidades originales de ciertos territorios del norte de México.

Es necesario mandar un mensaje de la defensa implacable de los mexicanos que viven en Estados Unidos, ofreciéndoles apoyo legal para evitar su deportación e impulsar una campaña de solidaridad con aquellos connacionales que sean deportados a través de los puntos de deportación en la frontera norte, vigilando siempre el respeto a sus derechos humanos, mientras que, a través de la creación de programas de reinserción social y laboral, se canalicen de acuerdo a sus habilidades y su experiencia dentro del mercado mexicano. 

Si bien México no es más poderoso que Estados Unidos, ésta no es razón para quedarse en la pasividad, en espera de que Trump recapacite. Se debe continuar el camino, analizando las oportunidades que se nos presenten con dignidad y patriotismo. Necesitamos un líder que nos diga ante que amenazas nos enfrentamos y nos plantee qué podemos hacer, en lugar de mencionar que todo estará bien.   

Este liderazgo no debe recaer en una sola persona ya que el Estado Mexicano lo conformamos los ciudadanos, las instituciones políticas –Ejecutivo, Legislativo y Judicial–, los partidos políticos, las diversas cámaras empresariales, el sector patronal y las muy diversas centrales campesinas; por lo que se hace necesario y urgente hacer un llamado a construir juntos los objetivos, las metas y las estrategias a desarrollar y concluir con una Política Exterior de Estado que tenga los siguientes elementos externos.

Un primer elemento que debe contener esta estrategia y que desde el PRD estamos dispuestos a impulsar, si este llamado se concreta, es fortalecer a nuestros consulados en Estados Unidos destinando mayores recursos económicos para un funcionamiento óptimo en los diversos territorios donde están asentados. Debe partirse del Congreso de la Unión, particularmente de la Cámara de Diputados, acompañados por todos los partidos políticos al definir el nuevo monto económico para el funcionamiento de Consulados y verificar qué otros programas a los existentes se deben abrir para brindar el mayor apoyo a nuestros connacionales en caso de ser detenidos y deportados. Esta primera propuesta tiene que desarrollarse en territorio estadounidense y el Congreso debe comenzar a analizarla junto con la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Secretaría de Hacienda, de donde deben obtenerse los recursos y direccionarlos a la protección y atención consular.

Una segunda propuesta que debemos impulsar de manera conjunta, es una agresiva campaña de comunicación para informar a nuestros connacionales sobre sus derechos y a dónde se debebn dirigir para protegerse de las políticas antiinmigrantes que se estén impulsando por parte de la administración  de Trump. 

La tercera propuesta es fortalecer las relaciones con los diversos clubes de oriundos en la Unión Americana. De igual forma, debemos acercarnos a las diversas organizaciones no gubernamentales defensoras de los derechos humanos y de migrantes para trabajar de manera estratégica a fin de apoyarnos en su experiencia y conocimiento del sistema judicial norteamericano.
Acercarnos a los centros de pensamientos –Think-Thanks–, es la cuarta propuesta, debido a que ellos tienen una importante influencia en los círculos políticos y económicos en Estados Unidos y con quienes podemos compartir los beneficios obtenidos en la relación bilateral, construyendo una nueva forma de relación de mutuo beneficio.

Una quinta propuesta es fortalecer la urgente relación parlamentaria, donde juntos, los diversos partidos mexicanos representados en el Congreso, comiencen a hacer política con sus homólogos en Estados Unidos para emprender acciones conjuntas que beneficien a ambos países e impulsar una agenda bilateral entre ambos congresos para compartir iniciativas y posicionamientos que nos permitan detener las acciones unilaterales de la presidencia encabezada por Donald Trump, de tal forma que podamos emprender iniciativas generadoras nuevas maneras de colaboración entre ambos congresos y ampliarlas hacia las respectivas administraciones.

La sexta propuesta es acompañar a los sectores empresariales mexicanos a Estados Unidos y compartir los espacios con sus interlocutores, donde ellos observen un respaldo de parte del gobierno mexicano en sus reuniones, así como acuerdos y apoyos.

Una séptima propuesta que planteamos, para construir una política de Estado, es definir mecanismos nacionales de apoyo, protección y recepción de connacionales deportados, quienes requerirán revisar sus casos e impulsar toda una estrategia para recuperar su familia, bienes, cuentas bancarias y todos los beneficios que tienen y que de manera justa o injusta dejarían en Estados Unidos por su arbitraria deportación.

Lo anterior debemos acompañarlo con una estrategia de recepción, atención y apoyo a los migrantes, provenientes de Centroamérica y el Caribe, que buscan llegar a Estados Unidos, ya que se verán impedidos en alcanzar su destino y que, en lugar de deportarlos o dejarlos sin apoyo, pueden terminar en manos del crimen organizado como ha sucedido en los últimos años, y ser ellos los nuevos sicarios o maleantes de quienes nos debemos defender.

Nuestro país debe optar por el multilateralismo y comenzar a hacer diplomacia lo más pronto posible, por lo que nuestra octava propuesta es solicitar una reunión regional del Mecanismo de Tuxtla para compartir las preocupaciones con los países de la región centroamericana y caribeña, con el propósito de comenzar a diseñar políticas económicas, de desarrollo regional y de infraestructura, así como generar posiciones comunes para enfrentar regionalmente los efectos de las políticas de la administración estadounidense. Debemos apelar a la solidaridad internacional y a la verdadera cooperación para el desarrollo, actuando con responsabilidad y humildad. Solos no podremos enfrentar el reto de la relación frente a los Estados Unidos.

La novena propuesta es ampliar nuestra diplomacia y arroparnos en la CELAC, la Unión Europea, el Grupo de los 77 y valorar seriamente hasta donde es conveniente estar al lado de los BRICS, bajo una estrategia paralela; por un lado, ver como comerciamos con estos países y por el otro, trabajar para enfrentar con los organismos internacionales las acciones violatorias de los acuerdos internacionales y utilizar el derecho internacional como nuestro escudo y los organismos como nuestra tribuna mundial.

Potencializar nuestro comercio con los instrumentos comerciales que hoy tenemos e involucrar a los estados es la décima propuesta. Debemos promover la inversión mixta de los gobiernos locales, nacional y el empresariado para trabajar en cumplir con los máximos cupos que se tienen en cada acuerdo, mientras producimos para nuestro consumo interno, generamos empleos y cubrimos nuestros compromisos internacionales de comercio.

La undécima y última propuesta es salirnos de TLCAN y negociar un acuerdo comercial bilateral con Estados Unidos y otro con Canadá, donde busquemos mejores condiciones comerciales para nuestro país y que complemente la estrategia integral y de Estado.

Finalmente, deseamos explicar por qué el planteamiento de una Política Exterior de Estado. Porque esta política iría más allá de un periodo determinado de tiempo, es un planteamiento estratégico a corto, mediano y largo plazo, siendo un planteamiento integral diseñado por los actores políticos, económicos y sociales de nuestro país, sentando las bases para un desarrollo económico con crecimiento sustentable.

* Secretario de Relaciones Internacionales
** Subsecretaria para asuntos de América del Norte

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